domingo, 26 de enero de 2014

Últimamente escribo poco

Una reflexión que se ha vuelto recurrente, tanto que me asfixia y ha hecho que me ocupe hoy de ella. ¿Por qué apenas escribo? Las circunstancias anímicas que me suelen empujar a ello son las que son y sigo envuelto en ellas y sin embargo no escribo. ¿Cuestión de tiempo? Bobadas, para escribir tengo todo el tiempo del mundo y cualquier momento, lugar y soporte me resulta válido. Ayer salí, después de estar un tiempo sin hacerlo, a caminar y pasó lo que sabía que iba a pasar. Cerré la puerta del porche, me puse las gafas de sol, conecté el mp3 y comencé a caminar. Justo al revolver la esquina, menos de cincuenta metros, me asaltó la primera idea. Miré hacia atrás y crucé la carretera.
A medida que iba avanzando en mi deambular las ideas se agolpaban, frases, imágenes, situaciones, palabras que intentaba colgar de los percheros de mi imaginación con la esperanza de que a la vuelta me pondría a entretejerlas. Regreso, abro la puerta del porche y cierro por dentro, entro en casa, suelto las gafas de sol y apago el mp3. Cruzo el salón hacia ningún lugar y abro el armario, sólo hay perchas vacías.





No sé que ocurre. Soy consciente de que hay una gran batalla en mi interior, pero me paralizan los daños, colaterales o no. Y me debato en la duda de mantenerme ajeno y esperar a que termine la guerra o tomar partido por algún bando aunque eso pueda implicar la muerte o resurrección de este personaje.