lunes, 27 de mayo de 2013

Espirales

Y ella me dijo en la puerta de nuestra casa: Sé que cuando tenga 80 años seguirá aquí. Me quedé aturdido, decenas de imágenes, conversaciones y respuestas frívolas pasaron por mi cabeza. Ella preguntó: ¿qué te pasa?. Y fue Gabriel el que respondió: Estaba pensando que qué se yo que voy a tener a mi lado cuando tenga 80 años... Ella dijo: A mí



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Y en lugar de preparar la maleta se sumergió en una tarde de whisky, poker, drogas y George LaMond

domingo, 26 de mayo de 2013

Para ti

Me reconforta que haya gente tras las cortinas leyendo este blog y acompañando en la distancia las historias que hay en él; esta mañana en el desayuno había una cara de preocupación entre los cafés y las tostadas, por mí, por leer desde el silencio, por hacer real mi espacio... esta mañana sólo con una frase han hecho que mi blog ocupe una parte si cabe aún más importante en mi día a día, porque he escuchado de una boca que se sienten identificados con muchos de mis post... hay gente detrás de las cortinas que no comentan pero me leen, hay gente que hacen suyas mis historias, hay gente que las hace reales... porque no... no es autobiográfico... este post es para tí, porque comentes o no, sé que andas tras las cortinas, porque hiciste que valga la pena seguir teniendo este espacio, porque la realidad de mi blog la pone gente como tú...



Wembley


Sólo una vez no hubo noche, sólo día, sólo horas de luz en la calle, entonces, la prudencia ganó a la locura, y no hubo una segunda oportunidad. Desde entonces, saqué tarjeta roja a la prudencia, sobrevivo al día y exprimo la noche, asegurándome que la locura gana los partidos, por si no hay otra oportunidad de jugar.

Y no lo digo por mi

no lo digo por mi coraza nieve pala

sábado, 25 de mayo de 2013

Estopa, Melendi y el tio Pirulo que viene de Buenos Aires

Paseaba inquieta por aquel pasillo de suelo ruidoso. A un lado el salón, desde el que salían a borbotones las notas de una guitarra aporreada con esmero, al otro, el silencio, las escaleras subiendo a la buhardilla, el frío. Y ella en medio, pensando ¿Qué leer? Había empezado hacía unos meses la lectura de "La broma infinita" de David Foster Wallance, pero, a pesar de que llevaba mucho tiempo con deseos de sumergir su nariz entre las páginas que aquel brutal (por tamaño y por contenido) libro, era incapaz de engancharse a él, de devorarlo como normalmente devoraba todo lo que caía en sus manos. Tras mucho pensarlo concluyó la lectura casi al principio del enorme libro y, asustada ante la grandeza, decidió comenzar a leer algo más liviano, menos pesado (literalmente). Pasó su dedo de uña mal pintada por el lomo de los libros colocados en la segunda planta de la estantería del pasillo y descubrió, oculto entre libros de cuentos "El amante" de Marguerite Duras. Lo abrió y vio esas letras grandes, líneas espaciadas, párrafos cortos y hojas gruesas. Un libro corto y ligero, pensó, perfecto. Se sentó en el frío de la escalera y dispuesta a dejarse llevar por la delgadez del libro que tenía entre sus manos, ignorante del peso real de aquellas palabras entre las que se disponía a perderse.

Un día, ya entrada en años, en el vestíbulo de un edificio público, un hombre se me acercó... Narrado en primera y en tercera persona, "El amante" cuenta la desesperación, la desdicha, la ira, el amor, la muerte, el hambre, el semen, el deseo, la soledad, la guerra, la juventud, la vejez temprana, los olores del dolor, los sabores del castigo. Lo cuenta todo, con letras grandes y frases espaciadas, en párrafos cortos y concisos, lleno de desgarradoras descripciones, de viajes en el recuerdo de Duras, en su sufrimiento. Ella se quita las máscaras, la ropa, el sombrero rosa masculino, se lo quita todo y queda en cueros ante el lector, que, al mismo tiempo, se desnuda a si mismo con cada palabra. Y ese es el libro que eligió y que leyó esa misma tarde, enganchada, destrozada por dentro, sintiendo el dolor en Indochina, el dolor en París, el dolor de la guerra y del amor, y leyó y releyó una frase que todavía hoy baila en su retina:


Nunca he escrito, creyendo hacerlo, nunca he amado, creyendo amar, nunca he hecho nada salvo esperar ante una puerta cerrada. 

La Vie En Rose

Se quitó los zapatos y los calcetines marrones de rayas naranjas. Se desabrochó el cinturón y desabotonó la camisa negra de rayas marrones, naranja y beige. Se tumbó en el sofá beige con rayas naranjas y marrones y dejó las gafas naranja y negra en la mesita del telefono. Se dispuso a esperar con los ojos entrecerrados el atardecer naranja infierno mientras en su cabeza rememoraba la historia del Alubias... y sus sueños rotos.